¿Por qué dejamos el gimnasio?

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¿Por qué dejamos el gimnasio?

Todo inicio de año viene acompañado de un cúmulo de buenas intenciones: ponerse a dieta, ahorrar, estudiar y sobre todo ir al gimnasio.

Así es que todos los eneros de todos los años estos recintos donde se le rinde culto a la belleza y al cuerpo están atiborrados. No hay caminadora libre, las regaderas están a tope y con seguridad ya no alcanzaste casillero.

Y no es casualidad que esto suceda ya que la industria de los gimnasios en México ha experimentado un boom en los últimos años, creciendo a ritmos de 2 dígitos con hasta 10% de nuevos gimnasios abiertos en 2016… y la tendencia se mantiene para el futuro próximo.

Sin embargo llega febrero y es notoria la disminución en la asistencia. Ya no ves a los entusiastas de los primeros cinco días del año que pagaron su membresía anual o semestral y que llegaban a las 5.30am estrenando tenis y atuendo deportivo.

Y es tan real como los estudios que han comprobado que en México 7 de cada 10 personas que se inscribieron a un gimnasio terminarán por abandonarlo en el corto plazo. (Ahora entendemos de qué va el negocio ¿cierto…?)

¿Qué razones son las que prevalecen para este nivel de deserción? Son tres las principales: cansancio, falta de tiempo y simple y llana flojera.

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Sin embargo hace poco tiempo la firma Dstillery, consultora especializada en marketing y soluciones para marcas, publicó un estudio en el que revelaba dos factores contundentes que colaboran para responder la pregunta 

¿por qué dejamos el gimnasio?: la distancia y el precio.

Dicho estudio recopiló la información de más de 7.5 millones de dispositivos móviles de personas que fueron asiduos asistentes al gimnasio. El resultado arrojó un dato interesante: la gente que vive más lejos del gimnasio baja su ritmo de forma aplastante.

Quienes vivían a 6 kilómetros de distancia o menos acudían al gimnasio al menos 5 veces por semana. Cuando el recorrido superó los 8 kilómetros solamente llegaban una vez al mes.

También fue significativo el factor precio. Entre más se pagaba era mayor el compromiso de asistir para “desquitar” la inversión. No era el caso para los gimnasios con una cuota mensual muy accesible.

Ahora que ya conoces este estudio te sugerimos no tirar tu dinero a la basura. Procura hacer una evaluación a conciencia comenzando por la pregunta clave: ¿qué nivel de compromiso voy a destinar al gimnasio?

Una vez que hayas decidido asistir elige un gimnasio que esté cerca de tu hogar y goce de un prestigio que te exija cumplir con lo que te has trazado. ¡Mucha suerte!

Fuente: The Guilty Code | The Wall Street 

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